El Constructor del Sermón (parte I)

Una GUÍA paso a paso para construir mensajes y sermones bíblicos. 


La Preparación personal del predicador (I)



INTRODUCCIÓN

El constructor del sermón es una guía paso a paso cuya finalidad es ayudar a todos los predicadores a comprender los principios básicos de la exégesis y la exposición. 

Desarrollaremos esta guía en cuatro etapas principales:

  1. La preparación
  2. La precisión
  3. La producción
  4. La presentación

Etapa 1: La Preparación

La predicación poderosa siempre comienza con una preparación correcta. El hombre de Dios no puede esperar interpretar correctamente el texto o exponer apasionadamente la verdad sin primero preparar su PROPIO corazón y mente para la tarea. Esta preparación requiere al menos seis áreas de consideración:

  1. El predicador - ¿Estoy preparado para predicar?
  2. El propósito - ¿Por qué estoy predicando?
  3. El paradigma - ¿Qué clase de sermón predicaré?
  4. Las personas - ¿A quiénes predicaré?
  5. El potencial - ¿Cuáles son los resultados potenciales de mi mensaje?
  6. El pasaje - ¿Qué texto voy a predicar?
Considerando en oración cada una de estas áreas, el predicador estará bien preparado para empezar el proceso de construcción del sermón.

PASO 1: El predicador ¿Estoy preparado para predicar. El predicador debe empezar por mirar su propia vida, empapando todo el proceso de construcción del sermón en oración, confesando todo pecado conocido, y recordándose a sí mismo que él es más que un simple siervo de Su Amo.

Es de suma importancia, desde el principio que el predicador auto examine su propio corazón antes de predicarle a otros. Con esto en mente, Steve Lawson indica:

Antes de que el predicador pueda preparar el sermón, Dios debe primero, preparar al predicador. El que desee obtener una comprensión precisa del texto bíblico debe ser una persona que esté creciendo en la gracia y conocimiento del Señor Jesucristo. De esta manera, el expositor nunca debería acercarse a un pasaje clínicamente, simplemente para elaborar un sermón. En lugar de eso, él debe estudiar para comprometer su corazón a amar y adorar a Dios. Ningún predicador puede llevar a otros espiritualmente a donde él no ha ido.
Jerry Vines  y Jim Shaddix simplemente dicen esto: "La preparación es un elemento importante en la buena predicación.El predicador no sólo debe pasar tiempo preparando el mensaje, sino que él también debe prepararse". Con esto en mente, la preparación personal del predicador consta al menos de tres elementos cruciales:

  • La oración,
  • La pureza, y
  • La perspectiva.
La oración (Salmo 119:14; 10, 18, 33 - 40). De principio a fin, el predicador debe impregnar todo el proceso de construcción del sermón en oración:
  • la oración por él mismo; para que él correctamente interprete y aplique la verdad
  • la oración por sus oyentes; para que correctamente entiendan y respondan a la verdad.
En esencia, la oración es dependencia. El predicador que no ora, indica que él depende más en sus habilidades persuasivas que en el Poder del Espíritu de Dios. James Rosscupa dice:
La oración no es una alternativa sino el elemento principal en el caleidoscopio de características espirituales que señalan a un predicador. Estos rasgos se unen en una fuerza espiritual poderosa; crean a un portavoz para Dios. Jesús, el modelo más fino, y otros portavoces efectivos para Dios han sido poderosos en la oración unida a las virtudes de santidad y dependencia en Dios...los predicadores que siguen el modelo bíblico toman seriamente la oración misma. En la preparación del sermón, se empapan ellos mismos en oración.
La pureza (1 Tesalonicenses 2:1 - 12; 1 Timoteo 3:2 - 3; Santiago 1:21). Además de la devoción, el hombre de Dios debe ser un hombre caracterizado por una vida justa. Cualquier estándar inferior socava el mismo mensaje que el predicador proclama. Ciertamente, nadie es perfecto. Pero el patrón de vida del predicador debe ser uno que refleje y refuerce la verdad que él expone. A consecuencia de esto, Stephen Olford simplemente indica: "Las Escrituras y la experiencia práctica nos han enseñado que Dios está más preocupado con lo que somos que con lo que hacemos". John MacArthur está de acuerdo, al hacer notar que:
La rectitud y la santidad juntas son dos cualidades indispensables de un hombre de Dios, y aun son su búsqueda de toda la vida. Son centrales para su utilidad; están en el corazón de su poder. Él las posee y aun las busca (v. Filipenses 3:7 - 16). Un predicador no santificado es inútil para Dios, y un peligro para sí mismo y las personas.
De manera similar, Richard Baxter escribió:
Un buen número de sastres van cubiertos de harapos, haciendo ropas costosas para otros; y un buen número de cocineros apenas se chupan sus dedos, cuando él ha adornado para otros los platos más costosos... Es algo espantoso ser un profesante no santificado, pero bastante más lo es ser un predicador no santificado.
La perspectiva (Salmo 8:3 - 4; Isaías 6:5; Romanos 12:3). En el mismo comienzo del proceso del sermón, el predicador humildemente debe recordarse a sí mismo que él no es nada fuera de la gracia de Dios. Él es simplemente un instrumento en las manos del amo, un mensajero al servicio del rey. Si el predicador tiene éxito (como Dios lo mide), no es por su elocuencia o su carisma – más bien el éxito verdadero proviene de una fidelidad inquebrantable sin importar las consecuencias. El hombre piadoso no le sirve a los hombres, sino a Dios. El predicador piadoso, por consiguiente, no debe buscar la aprobación de los hombres, sino más bien la sonrisa de su Señor.


Además, la Palabra que él proclama nunca debe ser minimizada, la salvación que él recibió nunca debería olvidarla. Primero debería ser un combustible para su pasión por Dios, y segundo debería ser una parte necesaria de su vocación. El proceso de construcción del sermón no debería ser un simple trabajo, sino también adoración. Steven Lawson dice esto:
El predicador siempre debe abordar la Palabra de Dios con reverencia, humildad, y temor de Dios. Cada vez que él abra la Escritura, él debe ser agudamente consciente de que él está abriendo la Palabra del Dios vivo. Él nunca debe permitirse venir a la Biblia insensiblemente o en una rutina hueca. Más bien, su corazón siempre debería estar absorbido con la verdad profunda que Dios está hablando en el texto. Así, él siempre debe estudiar un texto en la manera que Moisés abordó a Dios diciendo, “muéstrame Tu gloria”. Entonces, antes de que pueda tener una comprensión clara de la Palabra de Dios, primero debe haber un amor consumado por Dios y Su gloria.

Teniendo una perspectiva correcta, el predicador se da cuenta de que él es insignificante, pero que el Dios a quien el sirve lo es todo. El proceso de construcción del sermón, por consiguiente, no es un trabajo pesado meticuloso, sino más bien el privilegio máximo para el cual cualquier ser humano pecaminoso podría ser llamado.



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